
Pasión, indómita palabra.
Quizás sea la pasión el paraiso soñado de los sentidos -vaya uno a saber-, tal vez, ese reducto de sentimientos registrados en el alma, hábitat de aquello que percibimos de una realidad desconocida que desearíamos conocer.
Puede ser.
Quizás, todo consista en tender al tiempo la mano de los cinco sentidos para comprobar que mantenemos intacta la forma de desear.
Razón, virtuosa palabra.
Seguramente sea la razón el centro fijo donde hacer girar los pensamientos, tal vez, sea esa dimensión triste del camino que recorremos, fuerza que nos somete y nos envuelve cada minuto.
Ya lo apuntaba Descartes: "Pienso luego Existo"
Pensándolo bien, desde ésta mi ventana me preguntaba:
Algún filósofo se le ocurrió decir vez alguna: "Deseo luego Existo".
Quizás todo consista en contemplar la vida a nuestro antojo para comprobar que somos fieles con nosostros mismos.
P-D: maldita razón aquella que me impide asaltar tus labios.