
Ahora lo sabemos con certeza, esa vida que nos miraba y nos mira crecer hasta este puñetero presente, no era más que un cúmulo de instantes grabados voluntaria o involuntariamente en la retina de las yemas de los dedos; un limpiaparabrisas que barría o barre de un lado a otro la tormenta del destino y que...a veces -las menos- nos salpica o salpicaba y pare usted de contar.
Ahora lo sabemos con certeza, esa vida que nos aguarda y nos aguardará, vaya uno a saber, hasta esa ecuación del mañana, hasta ese abrir y cerrar de ojos de una nueva madrugada, arruga o cana, no será más que un racimo de interrogantes, un credo inservible y en cualquier caso un desconcierto.